lunes, 13 de octubre de 2014





Suena una campana lenta
que estremece al aire.
Tan  Tan  Tan

Silencio.

Los ojos apenas húmedos
buscan la tierra
donde es más silencioso
el silencio.
Tan  Tan  Tan

Silencio.

Un amor ha muerto
de sed y hambre,
pálido y delgado como el junco
de un río inexistente.

Silencio.

Quizás un hilo de tristeza
haciéndose un ovillo,
quizás, en un hueco del alma.
 El alma que sonríe y se libera
del silencio de una espera.

Silencio.
                              Adriana Cabañas



domingo, 12 de octubre de 2014

más sobre el miedo y el amor.


Este del que hablo es un miedo lleno de trampas y vericuetos Es el mido a decepcionar al otro. Con este miedo nos colocamos en una situación de inferioridad frente al otro, siempre sin saber si aquello que estamos considerando tan defectuoso en nosotros, en realidad al otro le importa para tanto.
Si no lo expresamos, ni lo preguntamos, el miedo nos deja en una situación atascada, por un lado nuestro deseo, por otro la anticipación de un fracaso, enfrentados y dejándonos llenos de angustia.
Cando somos jóvenes y tenemos energía hacemos cualquier cosa para conseguir la admiración del otro, y esta facilidad nos hace muy inconscientes, pero cuanto más mayores la excelencia se va haciendo menos creíble y nos quedamos solos, nosotros frente al miedo. Así de crudo y real.
Si no lo expresamos ni lo preguntamos es que la realidad de nuestro miedo no es la decepción que se puede llevar el otro, sino en lo decepcionados que nos sentimos con nosotros mismos. No nos engañemos, este es una flagrante caso de narcisismo, deseamos que el otro nos admire por encima de que nos ame.
Dejando aparte el trabajoso y agotador esfuerzo que supone ser admirado, las raíces de éste conflicto, como siempre, están en las memorias de nuestra infancia. Por la causa que sea, nos hicieron creer que el amor y la excelencia van unidos.: - sólo te aceptaré si eres excelente, en tal o cual aspecto o en todos.
Cuando ya no podemos mentir, ni disimular, ni disfrazar las cosa para que parezcan otras, para ser admirados, entonces oh maravilla estamos a las puertas de descubrir el amor de verdad, estamos a las puertas de sentirnos amados como nunca.

ANTÍDOTOS

# antídotos
Los antídotos para el miedo al amor
1. Creer en uno mismo. Es la conciencia de que en mi hay bondad, belleza, fidelidad, paciencia, dulzura, tolerancia, acogida, compresión, incondicionalidad y todos los atributos del amor. Que todo eso está en mi y puedo darlo y recibirlo.
2. Creer en el Amor mismo. Dejar de lado los merecimientos y no merecimientos, la culpa, el juicio y abrirse a dar y recibir porque Si, porque me lo pide el corazón, porque es de todo, lo mejor. No hay razones para amar.
3. Creer que el riesgo, el salto, merece el aterrizaje, sea cual sea éste. Que no hay fracaso ni pérdida de tiempo, porque has sido fiel a ti mismo. La fidelidad a uno mismo es el mayor acto de amor hacia uno mismo. Tener la certeza de que no podríamos haber hecho otra cosa, y eso lo justifica.
4. Dejar de pensar que el amor es lo que los otros me dan. Solo hay que experimentar que el otro se abre a lo que yo le doy, y que si ocurre ésto es porque el otro me ama.

martes, 9 de septiembre de 2014

LA PERSISTENCIA DE LA ANTIGUA CÓLERA, 10 (Extracto del libro Mujeres que corren con los lobos, cap. 12 “El oso de la luna creciente)


¿Cómo se sabe si hemos perdonado o no? En caso afirmativo:
Tiendes a compadecerte de la circunstancia en lugar de sentir cólera.
Tiendes a olvidar lo que tenía que decir al respecto.
Comprendes el sufrimiento que dio lugar a la ofensa.
Prefieres permanecer al margen. No esperar nada. No quieres nada.
Ningún estrecho lazo alrededor de los tobillos tira de ti, eres libre de ir a dónde quieras.

LA PERSISTENCIA DE LA ANTIGUA CÓLERA, 9 (Extracto del libro Mujeres que corren con los lobos, cap. 12 “El oso de la luna creciente)





LAS CUATRO FASES DEL PERDÓN
1. Apartarse. Dejar correr
2. Tolerar. Abstenerse de castigar
3. Olvidar. Arrancar del recuerdo, no pensar
4. Perdonar. Dar por pagada la deuda

1. APARTARSE. Es bueno, en un primer momento dejar de pensar durante un tiempo de aquella persona o acontecimiento. Evita que nos agotemos y nos permite fortalecernos de otra manera y disfrutar de otras felicidades de la vida. No se trata de pasar por alto, sino de adquirir agilidad y fortaleza para distanciarnos del asunto. Las lesiones del pasado acosarán mucho menos a una persona si ésta le asegura a la psique herida que ahora le aplicará bálsamos suavizantes y más adelante abordará toda la cuestión.
2. TOLERAR. Abstenerse de castigar. Es muy útil practicar esta clase de refinamiento pues con ello se condensa la cuestión en un lugar determinado y no se derrama por todas partes. Tolerar quiere decir tener paciencia. soportar, canalizar la emoción. Puedes abstenerte, por ejemplo, de hacer comentarios y murmullos de carácter punitivo, de comportarte con hostilidad o resentimiento. El hecho de abstenerse de realizar castigos innecesarios fortalece la integridad de la acción y del alma. Tolerar equivale a practicar la generosidad, permitiendo con ello que la gran naturaleza compasiva participe en cuestiones que previamente han provocado emociones que van desde la leve irritación a la


cólera.
3. OLVDAR. No significa comportarse como si el cerebro hubiera muerto, el olvido consciente equivale a soltar el acontecimiento, no insistir en que este se mantenga en primer plano, sino dejar más bien que abandone el escenario y se retire a un segundo plano. No darle vueltas, no irritarse con pensamientos, imágenes o emociones repetitivas. Significa abandonar las obsesiones, perder de vista el objeto de nuestro enojo. Significa crear una nueva vida y experiencias. Esta clase de olvido no borra el recuerdo, pero entierra las emociones que lo rodean.
4. PERDONAR. No es una rendición, es una decisión consciente de dejar de guardar rencor y abandonar la determinación de tomar represalias. Una de las formas más profundas de perdón consiste en ofrecer de la manera que sea una compasiva ayuda, lo cual no significa introducir la cabeza en el cesto de las serpientes, sino responder desde una actitud de clemencia, seguridad y buena disposición. El perdón es la culminación de todo lo precedente, toda la tolerancia y el olvido. No significa abandonar la propia protección sino la frialdad. Otra forma muy profunda de perdón consiste en no excluir al otro, en dejar de mantener distancias, ignorar, comportarse con frialdad o mantener actitudes falsas o condescendientes. El perdón es un acto de creación. Se puede otorgar de varias maneras, se puede perdonar de momento, hasta entonces, hasta la próxima vez, perdonar y no dar más oportunidades. Se puede también dar nuevas oportunidades pero con condiciones, perdonar e parte o en su totalidad. Se puede otorgar un perdón general. La persona es la que decide.

LA PERSISTENCIA DE LA ANTIGUA CÓLERA, 8 (Extracto del libro Mujeres que corren con los lobos, cap. 12 “El oso de la luna creciente)





Para sanar realmente, tenemos que decir nuestra verdad.
No sólo nuestro pesar y dolor, sino también los daños, la cólera y la indignación que se provocaron.
También que sentimientos de expiación y venganza experimentamos.
La vieja curandera de la psique comprende la naturaleza humana y otorga el perdón y cuando se le diga la pura verdad. Y no sólo nos concede una segunda oportunidad, sino varias oportunidades.

LA PERSISTENCIA DE LA ANTIGUA CÓLERA, 7 (Extracto del libro Mujeres que corren con los lobos, cap. 12 “El oso de la luna creciente)




Lo más importante del perdón es empezar y continuar. Es el cumplimiento de una tarea para toda la vida.

Está claro que si se pudiera comprender todo, todo se podría perdonar. Pero la mayoría de las personas necesitamos permanecer mucho tiempo en el baño alquímico para llegar a eso. No importa, contamos con la sanadora y por tanto con la paciencia necesaria.

domingo, 7 de septiembre de 2014

LA PERSISTENCIA DE LA ANTIGUA CÓLERA, 5 (Extracto del libro Mujeres que corren con los lobos, cap. 12 “El oso de la luna creciente)



A veces la gente se confunde y cree que el hecho de quedarse atascado en una antigua cólera consiste en armar alboroto, alterarse y arrojar objetos por ahí. En la mayoría de lo caos no consiste en eso.

Consiste en una perenne sensación de cansancio, en andar por la vida con una gruesa capa de cinismo, en destrozar todo aquello que es esperanzador, tierno, prometedor.

Consiste en tener miedo de perder antes de abrir la boca
En alcanzar por dentro un punto de indignación tanto si se nota por fuera como si no.
En observar unos irritados silencios de carácter defensivo.
En sentirse desvalido.


Pero hay un medio de salir de esta situación, el perdón.

LA PERSISTENCIA DE LA ANTIGUA CÓLERA, 4 (Extracto del libro Mujeres que corren con los lobos, cap. 12 “El oso de la luna creciente)




La ansiedad y el tormento afloran a la psique con carácter cíclico. Aunque una profunda purificación elimina buena parte del antiguo dolor y la antigua cólera, el residuo jamás se puede borrar por completo. Tiene que dejar unas ligeras cenizas, no un fuego devorador.

Por consiguiente la limpieza de la cólera residual debe convertirse en un ritual higiénico periódico que nos libere, pues el hecho de llevar la antigua más allá del extremo en que nos sería útil equivale a experimentar una constante ansiedad, por más que nosotros no seamos conscientes de ello.

LA PERSISTENCIA DE LA ANTIGUA CÓLERA, 2 (Extracto del libro Mujeres que corren con los lobos, cap. 12 “El oso de la luna creciente)





No pienso mentir descaradamente y decirle a una persona  que hoy o la semana que viene podrá eliminar toda su cólera y ésta desaparecerá para siempre.

LA PERSISTENCIA DE LA ANTIGUA CÓLERA, 2 (Extracto del libro Mujeres que corren con los lobos, cap. 12 “El oso de la luna creciente)





Cuando una persona tiene dificultad de dar rienda suelta a la rabia, ello suele deberse a que utiliza la cólera para fortalecerse. Y, si bien tal cosa pudo ser oportuna al principio, más tarde tiene que andarse con cuidado, pues una cólera permanente es un fuego que acaba quemando su energía primaria.
La persistencia de dicho estado es como pasar vertiginosamente por la vida y tratar de vivir una vida equilibrada pisando a fondo el acelerador.

El ardor de la cólera no se tiene que considerar un sucedáneo de una vida apasionada, es una actitud defensiva que cuesta mucho mantener cuando esta actitud ya no es necesaria para protegerse. Al cabo de algún tiempo, la cólera arde hasta alcanzar temperaturas extremadamente altas, contamina nuestras ideas con su negro humo y obstruye otras maneras de ver y comprender.


LA PERSISTENCIA DE LA ANTIGUA CÓLERA, 1 (Extracto del libro Mujeres que corren con los lobos, cap. 12 “El oso de la luna creciente)







En caso de que la cólera vuelva a convertirse en un obstáculo para el pensamiento y la acción creativa, conviene suavizarla o modificarla.

En las personas que se han pasado un considerable periodo de tiempo superando un trauma, tanto si este se debió a la crueldad, el olvido, la falta de respeto, la temeridad, la arrogancia o la ignorancia de alguien como si se debió simplemente al destino, llega un momento en el que hay que perdonar, para que la psique pueda liberarse y recuperar su estado normal de paz y serenidad.

EL INSTINTO Y LA CÓLERA HERIDOS (Extracto del libro Mujeres que corren con los lobos, cap. 12 “El oso de la luna creciente)





Si el instinto de una persona ha resultado herido se enfrenta con varios retos relacionados con la cólera.

En primer lugar suele tener dificultades para reconoce la intrusión; tarda en percatarse de la violaciones territoriales y no perciben su propia cólera hasta que ésta se les echa encima.
Este desfase es el resultado de la lesión de los instintos de los niños, causada por las exhortaciones que les suelen hacer a no reparar en los desacuerdos, a intentar poner paz a toda costa,  no intervenir y resistir el dolor hasta que las cosas vuelvan a su cauce o desaparezcan  provisionalmente.

Tales personas no actúan siguiendo el impulso de la cólera que sienten sino que arrojan el arma, o bien experimentan una reacción retardada varias semanas, meses,  incluso años después, al darse cuenta de lo que hubieran podido tener o podido decir o hacer.

Tal comportamiento no suele deberse a la timidez o a la introversión sino a una excesiva consideración por los demás, a un exagerado esfuerzo por ser amables en prejuicio propio y una insuficiente actuación dictada por el alma.

El alma salvaje sabe cómo y cuándo actuar, basta que la persona lo escuche.

La reacción adecuada se compone de perspicacia y una adecuada cantidad de compasión y fuerza debidamente mezcladas.

El instinto herido a de curarse practicando la imposición de unos sólidos límites y practicando el ofrecimiento de unas firmes y generosas respuestas que no cedan a la tentación de la debilidad.

Insistir en hablar de un trauma y hacerlo con intensidad a lo largo de un periodo de tiempo es muy importante para la curación.
Pero al final todas las heridas se tienen que suturar y convertir en cicatrices.