martes, 9 de septiembre de 2014

LA PERSISTENCIA DE LA ANTIGUA CÓLERA, 10 (Extracto del libro Mujeres que corren con los lobos, cap. 12 “El oso de la luna creciente)


¿Cómo se sabe si hemos perdonado o no? En caso afirmativo:
Tiendes a compadecerte de la circunstancia en lugar de sentir cólera.
Tiendes a olvidar lo que tenía que decir al respecto.
Comprendes el sufrimiento que dio lugar a la ofensa.
Prefieres permanecer al margen. No esperar nada. No quieres nada.
Ningún estrecho lazo alrededor de los tobillos tira de ti, eres libre de ir a dónde quieras.

LA PERSISTENCIA DE LA ANTIGUA CÓLERA, 9 (Extracto del libro Mujeres que corren con los lobos, cap. 12 “El oso de la luna creciente)





LAS CUATRO FASES DEL PERDÓN
1. Apartarse. Dejar correr
2. Tolerar. Abstenerse de castigar
3. Olvidar. Arrancar del recuerdo, no pensar
4. Perdonar. Dar por pagada la deuda

1. APARTARSE. Es bueno, en un primer momento dejar de pensar durante un tiempo de aquella persona o acontecimiento. Evita que nos agotemos y nos permite fortalecernos de otra manera y disfrutar de otras felicidades de la vida. No se trata de pasar por alto, sino de adquirir agilidad y fortaleza para distanciarnos del asunto. Las lesiones del pasado acosarán mucho menos a una persona si ésta le asegura a la psique herida que ahora le aplicará bálsamos suavizantes y más adelante abordará toda la cuestión.
2. TOLERAR. Abstenerse de castigar. Es muy útil practicar esta clase de refinamiento pues con ello se condensa la cuestión en un lugar determinado y no se derrama por todas partes. Tolerar quiere decir tener paciencia. soportar, canalizar la emoción. Puedes abstenerte, por ejemplo, de hacer comentarios y murmullos de carácter punitivo, de comportarte con hostilidad o resentimiento. El hecho de abstenerse de realizar castigos innecesarios fortalece la integridad de la acción y del alma. Tolerar equivale a practicar la generosidad, permitiendo con ello que la gran naturaleza compasiva participe en cuestiones que previamente han provocado emociones que van desde la leve irritación a la


cólera.
3. OLVDAR. No significa comportarse como si el cerebro hubiera muerto, el olvido consciente equivale a soltar el acontecimiento, no insistir en que este se mantenga en primer plano, sino dejar más bien que abandone el escenario y se retire a un segundo plano. No darle vueltas, no irritarse con pensamientos, imágenes o emociones repetitivas. Significa abandonar las obsesiones, perder de vista el objeto de nuestro enojo. Significa crear una nueva vida y experiencias. Esta clase de olvido no borra el recuerdo, pero entierra las emociones que lo rodean.
4. PERDONAR. No es una rendición, es una decisión consciente de dejar de guardar rencor y abandonar la determinación de tomar represalias. Una de las formas más profundas de perdón consiste en ofrecer de la manera que sea una compasiva ayuda, lo cual no significa introducir la cabeza en el cesto de las serpientes, sino responder desde una actitud de clemencia, seguridad y buena disposición. El perdón es la culminación de todo lo precedente, toda la tolerancia y el olvido. No significa abandonar la propia protección sino la frialdad. Otra forma muy profunda de perdón consiste en no excluir al otro, en dejar de mantener distancias, ignorar, comportarse con frialdad o mantener actitudes falsas o condescendientes. El perdón es un acto de creación. Se puede otorgar de varias maneras, se puede perdonar de momento, hasta entonces, hasta la próxima vez, perdonar y no dar más oportunidades. Se puede también dar nuevas oportunidades pero con condiciones, perdonar e parte o en su totalidad. Se puede otorgar un perdón general. La persona es la que decide.

LA PERSISTENCIA DE LA ANTIGUA CÓLERA, 8 (Extracto del libro Mujeres que corren con los lobos, cap. 12 “El oso de la luna creciente)





Para sanar realmente, tenemos que decir nuestra verdad.
No sólo nuestro pesar y dolor, sino también los daños, la cólera y la indignación que se provocaron.
También que sentimientos de expiación y venganza experimentamos.
La vieja curandera de la psique comprende la naturaleza humana y otorga el perdón y cuando se le diga la pura verdad. Y no sólo nos concede una segunda oportunidad, sino varias oportunidades.

LA PERSISTENCIA DE LA ANTIGUA CÓLERA, 7 (Extracto del libro Mujeres que corren con los lobos, cap. 12 “El oso de la luna creciente)




Lo más importante del perdón es empezar y continuar. Es el cumplimiento de una tarea para toda la vida.

Está claro que si se pudiera comprender todo, todo se podría perdonar. Pero la mayoría de las personas necesitamos permanecer mucho tiempo en el baño alquímico para llegar a eso. No importa, contamos con la sanadora y por tanto con la paciencia necesaria.

domingo, 7 de septiembre de 2014

LA PERSISTENCIA DE LA ANTIGUA CÓLERA, 5 (Extracto del libro Mujeres que corren con los lobos, cap. 12 “El oso de la luna creciente)



A veces la gente se confunde y cree que el hecho de quedarse atascado en una antigua cólera consiste en armar alboroto, alterarse y arrojar objetos por ahí. En la mayoría de lo caos no consiste en eso.

Consiste en una perenne sensación de cansancio, en andar por la vida con una gruesa capa de cinismo, en destrozar todo aquello que es esperanzador, tierno, prometedor.

Consiste en tener miedo de perder antes de abrir la boca
En alcanzar por dentro un punto de indignación tanto si se nota por fuera como si no.
En observar unos irritados silencios de carácter defensivo.
En sentirse desvalido.


Pero hay un medio de salir de esta situación, el perdón.

LA PERSISTENCIA DE LA ANTIGUA CÓLERA, 4 (Extracto del libro Mujeres que corren con los lobos, cap. 12 “El oso de la luna creciente)




La ansiedad y el tormento afloran a la psique con carácter cíclico. Aunque una profunda purificación elimina buena parte del antiguo dolor y la antigua cólera, el residuo jamás se puede borrar por completo. Tiene que dejar unas ligeras cenizas, no un fuego devorador.

Por consiguiente la limpieza de la cólera residual debe convertirse en un ritual higiénico periódico que nos libere, pues el hecho de llevar la antigua más allá del extremo en que nos sería útil equivale a experimentar una constante ansiedad, por más que nosotros no seamos conscientes de ello.

LA PERSISTENCIA DE LA ANTIGUA CÓLERA, 2 (Extracto del libro Mujeres que corren con los lobos, cap. 12 “El oso de la luna creciente)





No pienso mentir descaradamente y decirle a una persona  que hoy o la semana que viene podrá eliminar toda su cólera y ésta desaparecerá para siempre.

LA PERSISTENCIA DE LA ANTIGUA CÓLERA, 2 (Extracto del libro Mujeres que corren con los lobos, cap. 12 “El oso de la luna creciente)





Cuando una persona tiene dificultad de dar rienda suelta a la rabia, ello suele deberse a que utiliza la cólera para fortalecerse. Y, si bien tal cosa pudo ser oportuna al principio, más tarde tiene que andarse con cuidado, pues una cólera permanente es un fuego que acaba quemando su energía primaria.
La persistencia de dicho estado es como pasar vertiginosamente por la vida y tratar de vivir una vida equilibrada pisando a fondo el acelerador.

El ardor de la cólera no se tiene que considerar un sucedáneo de una vida apasionada, es una actitud defensiva que cuesta mucho mantener cuando esta actitud ya no es necesaria para protegerse. Al cabo de algún tiempo, la cólera arde hasta alcanzar temperaturas extremadamente altas, contamina nuestras ideas con su negro humo y obstruye otras maneras de ver y comprender.


LA PERSISTENCIA DE LA ANTIGUA CÓLERA, 1 (Extracto del libro Mujeres que corren con los lobos, cap. 12 “El oso de la luna creciente)







En caso de que la cólera vuelva a convertirse en un obstáculo para el pensamiento y la acción creativa, conviene suavizarla o modificarla.

En las personas que se han pasado un considerable periodo de tiempo superando un trauma, tanto si este se debió a la crueldad, el olvido, la falta de respeto, la temeridad, la arrogancia o la ignorancia de alguien como si se debió simplemente al destino, llega un momento en el que hay que perdonar, para que la psique pueda liberarse y recuperar su estado normal de paz y serenidad.

EL INSTINTO Y LA CÓLERA HERIDOS (Extracto del libro Mujeres que corren con los lobos, cap. 12 “El oso de la luna creciente)





Si el instinto de una persona ha resultado herido se enfrenta con varios retos relacionados con la cólera.

En primer lugar suele tener dificultades para reconoce la intrusión; tarda en percatarse de la violaciones territoriales y no perciben su propia cólera hasta que ésta se les echa encima.
Este desfase es el resultado de la lesión de los instintos de los niños, causada por las exhortaciones que les suelen hacer a no reparar en los desacuerdos, a intentar poner paz a toda costa,  no intervenir y resistir el dolor hasta que las cosas vuelvan a su cauce o desaparezcan  provisionalmente.

Tales personas no actúan siguiendo el impulso de la cólera que sienten sino que arrojan el arma, o bien experimentan una reacción retardada varias semanas, meses,  incluso años después, al darse cuenta de lo que hubieran podido tener o podido decir o hacer.

Tal comportamiento no suele deberse a la timidez o a la introversión sino a una excesiva consideración por los demás, a un exagerado esfuerzo por ser amables en prejuicio propio y una insuficiente actuación dictada por el alma.

El alma salvaje sabe cómo y cuándo actuar, basta que la persona lo escuche.

La reacción adecuada se compone de perspicacia y una adecuada cantidad de compasión y fuerza debidamente mezcladas.

El instinto herido a de curarse practicando la imposición de unos sólidos límites y practicando el ofrecimiento de unas firmes y generosas respuestas que no cedan a la tentación de la debilidad.

Insistir en hablar de un trauma y hacerlo con intensidad a lo largo de un periodo de tiempo es muy importante para la curación.
Pero al final todas las heridas se tienen que suturar y convertir en cicatrices.






viernes, 5 de septiembre de 2014

LOS ÁRBOLES SECOS, 4 (Extracto del libro Mujeres que corren con los lobos)



Las mujeres han vivido mil muertes antes de cumplir los veinte. Han ido en esta dirección y en aquella y se han quedado aisladas. Han tenido sueños y esperanzas que también se han truncado. Cualquier mujer que diga lo contrario es que todavía está dormida.
Esto justifica la  existencia de los “descansos”. Hacer descansos significa echar n vistazo a la propia vida y marcar los lugares donde se han producido las muertes chiquitas y las muertes grandotas.
En el cuento “El oso de luna creciente” la mujer pronunciaba una oración para que los huérfanos y errantes muertos pudieran descansar. Esto es lo que se hace en los descansos. Es una práctica consciente que honra a los muertos huérfanos de la psique, se compadece de ellos y les da finalmente sepultura.

Debemos ser amables con nosotros mismos y dar descanso a los aspectos de nuestra persona que se dirigían a algún lugar pero jamás llegaron a él. Los descansos marcan el lugar de la muerte, los momentos oscuros, pero son también billetes amorosos para el propio sufrimiento. Son transformativos. Nunca insistiré demasiado en la conveniencia de clavar las cosas en la tierra para que no nos sigan allá s dónde vayamos. Nunca insistiré demasiado en la conveniencia de enterrarlos

LOS ÁRBOLES SECOS, 3 (Extracto del libro Mujeres que corren con los lobos)



Hay un momento en nuestra vida, por regla general al llegar a la mediana edad, que tenemos que tomar una decisión, posiblemente la decisión psíquica más importante de la vida, y es la de sentirnos amargados o no.


LOS ÁRBOLES SECOS, 2 (Extracto del libro Mujeres que corren con los lobos)



Una persona que ha vivido una existencia torturada y ha ahondado exhaustivamente en ella adquiere una inestimable profundidad. Aunque llegue a ella a través del dolor, si cumple la dura tarea de aferrarse a la conciencia, llegará a alcanzar una honda y floreciente vida espiritual y una ardiente confianza en sí misma cualesquiera que sean las vacilaciones ocasionales del ego.


LOS ÁRBOLES SECOS, 1 (Extracto del libro Mujeres que corren con los lobos, cap. 12 “El oso de la luna creciente))





Existe un momento para la ráfaga que sale de las entrañas, un momento para la justa cólera y la justa furia.
Es posible que una persona tenga que enfrentarse en mayor a o menor grado con la misma situación. Puede llevar dentro un tipo de furia desencadenada que le induce a atormentar constantemente a los demás o utilizar la frialdad a modo de anestesia o a pronunciar dulces palabras que en el fondo pueden castigar o humillar a los demás. Puede imponer su propia voluntad a los que dependen de ella o puede amenazarlos con el término de la relación o la retirada del afecto. Puede abstenerse a realizar una alabanza o de reconocer el mérito de alguien, y comportarse en general como si tuviera los instintos heridos. Está demostrado que la psique de una persona que trata a los demás de esta manera se encuentra bajo los efectos de un fuerte ataque de un demonio que le está haciendo exactamente lo mismo a ella.

El aprendizaje que estamos buscando es cuando podemos dar rienda suelta a la justa cólera. El cuento no gira en torno a la aspiración de santidad, sino en torno a la sabiduría necesaria para saber cuando tenemos que comportarnos de una forma integral y salvaje.

Se han hecho muchas conjeturas acerca del temor que el impresionante poder de una mujer enfurecida es capaz de producir en los demás. Pero esto constituye, a todas luces, una excesiva proyección de las angustias personales del observador, de la que no cabe culpar en justicia a la mujer. En si psique instintiva la mujer tiene capacidad para enfurecerse en grado considerable cuando se la provoca y no cabe duda que eso es un poder.
Llega un momento en que las mujeres tienen que enseñar sus dientes, exhibir su poderosa capacidad de defender su territorio y decir “hasta aquí hemos llegado, prepárate para lo que tengo que decirte, ahora verás lo que es bueno”.

Muchas mujeres tienen en su interior un soldado tan exhausto de las batallas que ya no quieren oir ni hablar de eso, ni tener que ver con todo ello. Esta es la causa de la aparición de un oasis reseco de la sique. Se trata siempre, tanto dentro como fuera, de una zona de gran silencio que está pidiendo a gritos que estalle una tormenta, que se produzca una rotura, una sacudida, un estropicio que le permita volver a crear vida.

martes, 2 de septiembre de 2014

EL FUEGO TRANSFORMADOR Y LA ACCIÓN ADECUADA, 3 (Extracto del cuento “El oso de la luna llena” del libro “Mujeres que corren con los lobos”)




Ninguno de nosotros puede escapar por entero a su historia, podemos empujarla hacia el fondo pero estará allí de todos modos.
En cambio si una persona hace las cosas que hemos enumerado podrá contener la cólera y al final todo se calmará y se arreglará. No del todo, pero si lo suficiente como para seguir adelante. Y la persona lo podrá afrontar cada vez mejor porque sabrá en que momento tiene que ir a visitar de nuevo a la curandera, subir a la montaña y  liberarse de la ilusiones que le inducen a pensar que el presente es una representación exacta y calculada del pasado.
Una persona recuerda que puede ser violenta y generosa a la vez. La cólera no es como un cálculo renal que se acabará eliminando con tiempo y paciencia. Hay que emprender una acción inmediata.


EL FUEGO TRANSFORMADOR Y LA ACCIÓN ADECUADA, 2 (Extracto del cuento “El oso de la luna llena” del libro “Mujeres que corren con los lobos”)





Mientras la mujer estaba aprendiendo en la montaña todo era mágico. Ahora que ya ha bajado, la vida tiene que volver al mundo. Pero la mujer se encuentra bajo los efectos de la experiencia en la montaña. Ha adquirido sabiduría. La energía que estaba presa en la cólera se puede usar para otras cosas.
La furia residual de las antiguas heridas puede compararse con el trauma de una herida de metralla. Es posible extraer casi todos los fragmentos de metal, pero siempre quedan los que son diminutos. En ciertos momentos esos minúsculos fragmentos se retuercen y dan vueltas en el interior dando lugar  una vez más a un dolor idéntico al de la herida inicial, y entonces se produce el estallido de la cólera. La persona se tensa teme el impacto del dolor y como consecuencia el dolor se intensifica. La persona está realizando una drástica maniobra a tres frentes: 1. trata de contener el acontecimiento exterior, 2. trata de impedir que se trasmita el dolor de la antigua herida y 3. Intenta afianzar  la seguridad de su posición efectuando una carrera psicológica con la cabeza inclinada.
Por eso es necesario hacer una pausa en pleno proceso, retirarse y buscar la soledad. Es demasiado pedirle a una persona que, al mismo tiempo, luche y afronte la sensación de sentirse destripada por un disparo.

Una mujer que ha subido a la montaña se retira, afronta primero el acontecimiento más antiguo y después el más reciente, decide que es lo que va a hacer,, sacude la cabeza para librarse del collar que le rodea la garganta, endereza las orejas y regresa para actuar con dignidad.

EL FUEGO TRANSFORMADOR Y LA ACCIÓN ADECUADA, 1 (Extracto del cuento “El oso de la luna llena” del libro “Mujeres que corren con los lobos”)





La iluminación no tiene lugar en la montaña, se produce cuando se disuelve la cura mágica. Todos nos enfrentarnos a esta situación, pues todos pensamos que, si trabajamos duro y emprendemos una búsqueda sagrada, obtendremos algo sólido, algo importante que en un abrir y cerrar de ojos lo arreglará todo definitivamente.
Pero no es así como funciona la cosa. Aunque adquiramos todos los conocimientos del mundo, todo se reduce  una cosa, práctica. Se reduce a llegar a casa y llevar a efecto paso a paso todo lo que hemos aprendido. Tan a menudo como sea necesario, durante todo el tiempo que se pueda o siempre, según los casos.
Resulta mu tranquilizador saber que, por más que la devore la cólera, una persona sabe exactamente y con toda la habilidad de un experto, lo que tiene que hacer al respecto: esperar, liberarse de las ilusiones, subir a la montaña, hablar con ella y respetarla como una maestra.

En este cuento se nos ofrecen muchos registros, muchas ideas a cerca de la manera de recuperar el equilibrio: ofrecer a la persona enfurecida la amabilidad y el tiempo necesarios para superarla a través de la introspección y la búsqueda.